Mientras que la vida con un niño de tres a seis meses todavía tiene sus altibajos, es más tranquila y más predecible que las primeras semanas. El torbellino de actividad que saluda la llegada de un nuevo bebé se ha calmado; las tarjetas y los regalos han dejado de llegar, y ambos padres (pero especialmente la madre) están empezando a sentirse un poco más como ellos mismos. Alimentar, cambiar los pañales, vestir y bañar al bebé se ha convertido en algo natural.

Una nueva conciencia que descubre el mundo

Las cosas también son más fáciles desde el punto de vista del bebé, en gran parte porque se ha relajado lo suficiente como para aprender el significado de los diversos gritos, gestos y otras señales con las que se comunica. Cuando su bebé comience a hacer alboroto, usted sabrá qué tipos de pequeños ajustes menos ligeros, menos ruidosos y menos intensos puede necesitar su bebé para sentirse satisfecho. Como resultado, ambos pueden centrar su atención en su incipiente relación social.

El tercer mes marca un emocionante punto de inflexión en el desarrollo del bebé como ser social. Los bebés comienzan a llorar menos y pasan más tiempo arrullando, pateando o tumbados de espaldas y jugando con los dedos de las manos y los pies. Hacen contacto visual y gorjean deliberadamente, y giran para conseguir o mantener la atención de los padres u otros cuidadores. Alrededor de los cinco meses de edad, se ríen y chillan con placer y emoción. Los tipos específicos de comportamiento que denotan miedo, curiosidad, satisfacción, ira y otros sentimientos también se vuelven más pronunciados, así como más individualizados de un bebé a otro.

Además de ser más sociables en los segundos tres meses de vida, los bebés también están más intrigados por cosas como las luces, los juguetes, las manos y el pelo. Los bebés de seis semanas pasan gran parte de su tiempo tranquilos y alerta mirando a sus madres o padres. Por el contrario, los bebés de seis meses prestan más atención a los objetos, pasando gran parte de sus intervalos de calma y vigilia observando los movimientos de las sombras y la luz, buscando las fuentes de los sonidos, y agarrando y hablando en voz alta de cualquier objeto al que puedan ponerle las manos encima.

Esta mayor implicación con el entorno queda ilustrada por el reconocimiento de su biberón por parte de un niño de tres meses alimentado con él, a menudo acompañado de chillidos impacientes o movimientos excitados de piernas y brazos si la aparición del biberón coincide con una sensación de hambre. Los niños de tres meses también se miran las manos y sus reflejos en los espejos.

Aunque los padres suelen estar encantados con la capacidad del bebé para interactuar con el mundo, también deben estar preparados para hacer frente a nuevas demandas. Ya no basta con proporcionar cuidados básicos. En esta etapa, la interacción y la estimulación son tan importantes para el desarrollo del bebé como la comida y el sueño.